
Zumthor en el parque de la Beyeler, MAD en Los Ángeles: una semana de septiembre y una vida de recorridos por museos, los que se imponen y los que desaparecen.
Peter Zumthor terminó la ampliación de la Fondation Beyeler (preapertura 2026, apertura plena 2027), en Riehen, junto a Basilea. No hizo un edificio. Hizo tres, dispersos en el parque: el Wyss Museum, de hormigón apisonado con árido de la caliza del Jura; el Ammann Pavillon, para actos; el Erlen Torhaus, de logística. El parque, antes en parte privado y protegido, se abre y suma casi diez mil metros cuadrados de jardín, pradera, agua y árboles. Un ginkgo centenario obligó a recortar el museo en Y. La preapertura fue el 26 de septiembre, con cupos y días reducidos. La apertura plena, el 15 de enero de 2027. El conjunto costó unos 120 millones de francos suizos, enteramente privados, contando el terreno y los primeros diez años de operación. Al lado sigue el museo largo y bajo de Renzo Piano, de 1997, que ya había entendido que ese lugar no pedía un gesto. Si miramos el área desde arriba, vemos cómo estos volúmenes dialogan con el tejido urbano y le dan continuidad.
La misma semana, el 22 de septiembre, abrió en Exposition Park, Los Ángeles, el Lucas Museum of Narrative Art. Lo diseñó Ma Yansong, de MAD, con Stantec (2026). Un volumen en voladizo, revestido con 1.271 paneles únicos de polímero reforzado con fibra de vidrio, que la prensa describió como nube y como nave. Según The Art Newspaper, costó mil millones de dólares, puestos por George Lucas y Mellody Hobson. El paisaje es de Studio-MLA. Ma dijo que el edificio es una metáfora del relato y de la imaginación, y que refleja a Los Ángeles: su espíritu pionero, sus culturas, la relación entre naturaleza, sociedad y ciudad. En este caso… si miramos el área desde arriba, vemos cómo una pieza blanda contrasta con el tejido urbano.
En la misma ciudad está el contraste: las David Geffen Galleries de LACMA (Peter Zumthor, con SOM, 2026), que abrieron en abril. Si el Lucas tiene una impronta orgánica que «aterriza», este es un gesto orgánico que rompe la trama pero es muy acertado. Una sola pieza curva de hormigón y vidrio, elevada unos nueve metros, que cruza Wilshire Boulevard y deja abajo plazas y jardines públicos. Dialoga bien con lo preexistente y propone un espacio urbano nuevo y disruptivo, pero que dialoga bien con su entorno a la vez. No solo se disfruta visitándolo, sino que transitar al lado y debajo de él enriquece esta «ciudad del vehículo». Hace poética la circulación vehicular.
En cuatro días quedaron frente a frente dos maneras de hacer un museo. Una se retira ante el lugar. La otra se ofrece como atracción. No recorrí la Beyeler. Al Lucas lo vi solo desde afuera: no entré, sinceramente, me pareció impersonal y no me atrajo mucho, aunque también me echaron para atrás las largas colas detrás de la novedad. Tal vez cuando lo visite reformulo mi opinión y tengo una mejor impresión; muchas veces me pasó de romper algún prejuicio en la primera impresión de una obra, aunque en este caso lo dudo. Y aun así esa semana me dio una razón para escribir algunas reflexiones que patológicamente… medito hace años.
Los museos son, para los arquitectos, un programa contemporáneo culminante, algo así como un hito a alcanzar. El encargo más deseado. Casi no importa, en el deseo, lo que vayan a contener, si bien sería ese “contenido” uno de los pilares iniciales en un proceso creativo. Importa la chance de hacer una obra que se recuerde, y que sea, valga la redundancia, para recordar. A muy pocos museos se les puede perdonar que no sean, además, referentes del lugar. Un museo acertado logra las dos cosas, o elige con inteligencia cuál de las dos va a privilegiar: llama la atención sobresaliendo, o llama la atención desapareciendo. Pone en valor una cultura, es un faro y funciona para exponer lo que tiene que exponer. Las tres. Si falta una, el edificio puede ser un éxito de prensa y seguir siendo un error.
Hay edificios que consiguen las dos primeras sin esfuerzo aparente, y por eso parecen un poema acertado, romántico, preciso y profundo. El Museo Nacional de Qatar, de Jean Nouvel (2019), está inspirado en una rosa del desierto. Es espectacular. También es exacto: la forma no es un capricho puesto sobre el Golfo, es una lectura de la geología, de la luz y de una cultura que ya tenía esa figura antes de que llegara el arquitecto. Icónico, escultórico y del lugar, al mismo tiempo. Más acertado todavía, más “fino”… o salvemos la comparación, pero me impactó aún más, el Louvre de Abu Dhabi (Jean Nouvel, 2017), que recorrí más de una vez y cada vez lo disfruto más. (¿Qué es fino? Es una charla pendiente… una vara particular en cada contexto).


Después de haberla visitado en otras ocasiones y verla crecer, en noviembre de 2021 fui a Dubái, como AIA International Country Representative - Argentina, a la conferencia internacional del instituto, que coincidió con la Expo, y no solo recorrimos obras de la Expo sino muchas obras de los alrededores, con sus autores o miembros del equipo de diseño. Ahí nos escapamos un día a Abu Dhabi y visitamos, entre otras obras, el Louvre con colegas. A pesar de muchas charlas con colegas locales y de todo el mundo, la bóveda se explicó sola. La versión oficial del museo es clara, y alcanza: una cúpula árabe hecha de estrellas, una medina baja junto al agua, y la sombra de las palmeras del desierto traducida a una lluvia de luz. Un colega, en la conferencia, sumó otra capa, más romántica: que la idea era también recrear el pueblo donde había crecido el jeque, que impulsó el museo. No lo pude verificar, y no me hizo falta… ya que está a la vista una intención semejante de recrear esas callecitas tan únicas del crecimiento orgánico de asentamientos de la zona, si no de todo el mundo árabe. Con lo que está documentado ya sobra. La espacialidad es de una maestría rara. La luz capitaliza el desierto y los espacios nos ilustran la cultura. Hay algo poético, y hay algo que solo puedo llamar mágico, sin vergüenza. A su vez, el mismo genera una transición entre el agua y la tierra que cose ambos mundos, la historia del desierto con aquella de los comerciantes y marinos del golfo. Un edificio así no necesita elegir entre ícono y lugar. Es las dos cosas porque entendió de qué estaba hecho el sitio.



El Lucas no me dice eso. Me dice forma. Una forma contemporánea más, hábil, cara, fotogénica, que podría estar en otra ciudad sin perder ni ganar demasiado. No lo leo como un museo de Los Ángeles. Lo leo como un museo que aterrizó en Los Ángeles. Me pasó algo parecido con el Museo del Futuro (Killa Design, 2022), en Dubái: interesantísimo de visitar, pero poco inspirador cuando escuché a su arquitecto contar la génesis en la conferencia del AIA. Sonó a una suma de demasiados gestos que se empastan unos con otros. De Dubái y de Abu Dhabi voy a escribir en otra nota. Tuve la suerte de verlas crecer, de unas pocas torres a lo que ya miro, sin ironía, como una gran metrópoli. Pero esa es otra conversación.
No es que el gesto esté prohibido. Traigamos un clásico por el mero regocijo intelectual: el Guggenheim de Nueva York (Frank Lloyd Wright, 1959) no tiene nada que ver con la ciudad, y es una obra maestra. La época en que se hizo, y lo revolucionario del diseño, lo convirtieron en landmark además de una obra que impactó en el mundo entero. El Centro Pompidou, de Renzo Piano y Richard Rogers (con Gianfranco Franchini, 1977), igual: si alguien propusiera hoy ese edificio en un barrio como el Marais sería una locura, y sin embargo quedó como un ícono irremplazable, y muy lindo por cierto. Creo que mucho de eso es que llegó en el momento justo. (Y no pretendía tirar abajo todo el Marais, como el Plan Voisin de Le Corbusier, de 1925, el de las torres en cruz con aviones, que gracias a los dioses no se hizo. En este caso fueron solo unas manzanas: un viejo «islote insalubre» demolido en los años treinta, que durante décadas fue una playa de estacionamiento). I. M. Pei en el Louvre de París (1989) es el caso inverso, y claro, de una sutileza ejemplar: una pieza clara, casi irrespetuosa en el anuncio pero que termina poniendo en valor el palacio en lugar de competir con él. El Tate Modern (Herzog & de Meuron, 2000), en Londres, dialoga con el río, con el ladrillo, con la central eléctrica que era y el ladrillo que bloque a bloque construyó la ciudad. El Getty Center de Richard Meier (1997), en Los Ángeles, tiene la marca del autor demasiado presente, es cierto, pero la topografía y las visuales lo salvan: es un museo de ahí, no de otro lado.
Gehry es más difícil, y no quiero seguir pegándole por costumbre, pero… Murió el 5 de diciembre de 2025 y, a pesar de mis observaciones duras, me parece un genio; admiro su brillante carrera. Sus museos tienen más marca personal que lectura del lugar. Creo que esa dirección, la del objeto que viaja igual a Bilbao, a París, Los Ángeles o Abu Dhabi, fue la cara más visible del achatamiento cultural que vino en grandes olas después de la arquitectura internacional. No porque el internacionalismo fuera el mal, sino porque reemplazó un universalismo de reglas por un universalismo de firma. Es injusto, tal vez, juzgarlo solo con los ojos de ahora: Gehry se formó en otra época, cuando el gesto todavía podía ser muchas veces una liberación. Pero la calidad de un arquitecto, su nivel intelectual, la decisión de sumar valor o de abrir un camino que otros siguieron peor, trasciende la época. Zumthor es brillante, por lo contrario: una arquitectura de autor que no distrae, que siempre deja algo más que una firma. Su mano está, pero no pide que lo aplaudan, no se distrae con ser él y hace foco en sus proyectos.
El Guggenheim de Bilbao (Frank Gehry, 1997) es el caso que estas semanas me vuelve a poner delante, aunque la discusión ya aburra a los de mi generación… y a mí. Como diálogo con la historia es muy cuestionable, o es la lección de dialogar por contraste, que no es lo mismo que dialogar por admiración o respeto. Como operación fue un éxito comercial que puso a Bilbao en el mapa. Las dos frases pueden ser verdaderas. Cuando visite en algún futuro el Guggenheim de Gehry en Abu Dhabi (abre el 11 de diciembre, al lado de la magia del Louvre de Nouvel), voy también sin expectativas. Como las que tuve al ir al Lucas y al verlo de afuera se me disolvieron. Creo que ese par puede quedar, para quien quiera mirar, como el ejemplo de lo que habría que hacer y de lo que no. ¿Ojalá me equivoque? No sé, pero seguro voy a disfrutarlo a pesar de la controversia que me genera. No dejo de admirar sobremanera a quienes me dan una excusa para reflexionar, y ni hablar de quienes logran realizar obras de esta escala y trascendencia.
En el otro extremo están los que desaparecen sin volverse mudos. El Nezu, de Kengo Kuma (2009), en Tokio, al lado de un jardín centenario: moderno y tradicional a la vez, quizá el más fino de los que menciono. En el mar de Seto, el museo del agua de Ryue Nishizawa y la artista Rei Naito (2010), en Teshima: una pieza, un ícono, una cáscara de hormigón que parece una gota, y al mismo tiempo una maestría poética que no desentona con la isla. Y los de Tadao Ando en las mismas islas, el Chichu Art Museum (2004) y el Benesse House Museum (1992): escultóricos, icónicos, muy personales y misteriosamente del lugar. Enterrados, orientados, hechos de la luz de ese mar. Llaman la atención desapareciendo y son faros a la vez. Eso, para mí, es el museo acertado. Ya que estamos en Japón, podemos hablar también del 21_21 Design Sight de Tadao Ando (2007), en Tokio, que se entierra en una plaza y genera un recorrido espectacular desde un acceso austero que dialoga con la plaza. Y la luz, de una sutileza acertada: baja medida, casi en silencio, y alcanza justo para que el hormigón y la obra se miren. Mi hija se asomó desde atrás de un muro, en el borde entre la sombra y esa luz, que es exactamente donde Ando te deja. En otra cultura milenaria, otro ejemplo podría ser el Museo de la Acrópolis (Bernard Tschumi, con Michael Photiadis, 2009), en Atenas, que encima dialoga con las ruinas que tiene debajo.

En Tokio está también el caso que casi nadie nombra cuando habla de museos: el Mori Art Museum (interiores de Gluckman Mayner, 2003), en los pisos 52 y 53 de la Mori Tower (Kohn Pedersen Fox, 2003). Pasa desapercibido. No tiene fachada propia: es una pieza más del gran master plan de Roppongi Hills (Mori Building, 2003). Arriba, en lo más alto de la torre, su único contexto son las visuales. Un ventanal enmarca la ciudad entera y la obra queda recortada contra Tokio. No desaparece en el lugar: el lugar aparece por la ventana.

Hay una frase que circula desde hace unos años, y que me parece peligrosa por lo fácil: que cualquier edificio nuevo que no ponga el lugar y la cultura por encima de llamar la atención es de mal gusto. ¿Hay excepciones? Siempre… o las habrá… Por suerte hay cada vez más voces en esa dirección. El problema es la palabra. ¿Qué es el gusto? ¿Quién tiene buen o mal gusto? Es un tema difícil de explicar con altura si uno se queda solo en la arquitectura, porque el gusto suele ser el nombre elegante del acuerdo de un grupo. Prefiero hablar de acierto. Un acierto se puede argumentar: material, clima, historia, programa, luz, cómo se entra, qué se ve antes de ver la obra. El gusto, no, es casi… caprichoso, y el “capricho”, la mayoría de las veces una certeza de algo desacertado, mínimo en su intención.
Un poco de polémica en mi ciudad natal… que siempre entretiene: Me acuerdo de una tarde en la facultad, en Buenos Aires. Vino uno de los arquitectos ejecutores del Malba (proyecto de Atelman, Fourcade y Tapia, que lo ganaron por concurso en 1997; ya que para asegurar una buena ejecución por la juventud de los autores, la dirección de obra quedó en manos de un estudio experimentado externo; de todas maneras, ganar ese concurso fue un gran logro para un estudio tan joven; 2001) a mostrar el proyecto. En un momento… ¿Me ahorro el nombre? Alguien que hizo una carrera espectacular de todas maneras, pero no me quiero distraer… Este arquitecto compartió con cierto orgullo que la piedra del revestimiento de un museo de arte latinoamericano había sido traída de Alemania. Levanté la mano. Era un estudiante, y fui justificadamente un poco irrespetuoso, ya que estaba consternado de verdad. Le pregunté si le había parecido bien una piedra europea en un museo latinoamericano. El auditorio entero hizo ese sonido, el «uuuh», el de cuando alguien dice algo que no se dice. Esa reacción me marcó más que la respuesta. Inclusive vi a dos de mis docentes voltear y mirarme orgullosos de que había dicho algo que seguro ellos pensaban y no quedaba bien que le dijeran a un invitado… Es por ahí, pensé… Hay que preguntarse, y hay que decir lo que uno piensa, sea estudiante o ya esté formado. No dejar de cuestionarnos y provocar reflexiones.
No era un capricho de origen. Era una pregunta de sentido. Un museo de arte latinoamericano que se viste con una piedra de otro continente está diciendo, antes de colgar la primera obra, que lo de acá no alcanzaba, ¿que seguimos copiando lo que vino en tantas olas de barcos? Se puede discutir el detalle técnico (durabilidad, cantera, mantenimiento) y seguiré pensando que la decisión fue un desacierto rotundo. El material es el primer texto del edificio.
Otra crítica que tengo atragantada hace años: ¿por qué la circulación principal, las escaleras y la terraza del primer piso dan a una calle más de Buenos Aires, de 17,32 m de ancho (≈ 20 varas, el ancho estándar de las calles de la cuadrícula porteña) y no a la plaza? ¿Y por qué la fachada hacia la plaza está totalmente (¿un 70 %?) tomada por parte del programa que necesita estar cerrado, el auditorio, que no la aprovecha? Si bien una pieza interesante de volúmenes entrelazados que dialoga con el tejido urbano, el Malba es un mal proyecto, pero es verdad que le hizo muy bien a la ciudad, y las iniciativas y aportes a la cultura de su mecenas son realmente excelentes, para no quedarnos en la crítica negativa…
Por eso miro con interés lo que el Malba anunció esta misma temporada: duplicar la superficie de exposición debajo de Plaza Perú, con un proyecto de Frida Escobedo (en proyecto, apertura prevista para fines de 2029 o principios de 2030), sin achicar la plaza ni cerrarla al público. No es Zumthor, y no hace falta que lo sea. Es la otra estrategia, la que más le sirve a una ciudad con pocas plazas y con un tejido que ya existe: no monumentalizar al lado, crecer abajo, ¿sin sobrecostos? coser el museo con la plaza en lugar de competir con ella. (Si alguien quiere, que investigue que hubo un proyecto enterrado en el concurso original del Malba). En América Latina la tentación del ícono es fuerte, porque el ícono promete el efecto Bilbao con una sola foto. Casi nunca llega. Lo que sí llega, y se puede pagar, es la pieza que lee el lugar, aunque sea pequeña, aunque desaparezca un poco.
Fragmentar o monumentalizar no es una moral. Es una estrategia. Zumthor fragmenta porque el parque de Riehen ya era el protagonista, y porque Piano había dejado una vara baja y larga. MAD monumentaliza porque el encargo era una fundación de “mil millones” y una colección que quiere existir en el mapa antes de que uno entre. Las dos pueden ser honestas con su cliente. Solo una me parece honesta con la ciudad. Y la ciudad, al final, es la que se queda con el edificio cuando pasa la inauguración.
Hablar de museos es, para mí, un tema apasionante, un programa moderno muy completo y profundo. También es el mejor que conozco para una vida de viajes: recorrerlos, y recorrer sus tiendas, que dicen casi tanto como las salas. Esta es mi segunda nota en Pathos. Acá una pregunta: si el edificio le debe algo al lugar, o si le basta con ser memorable. Yo creo que el programa “museo” tiene una responsabilidad, le debe al sitio una respuesta. Y creo que los que logran las dos cosas (Nouvel en el desierto, Kuma junto al jardín, Nishizawa y Ando en el mar de Seto, Pei en el patio de un palacio) no son la excepción romántica. Son la vara.
Acá van algunos de los sitios y fuentes que consulté al escribir esta nota, por si alguien quiere mirar más de cerca:
Fuentes
Fondation Beyeler, ampliación de Peter Zumthor (sitio oficial): https://www.fondationbeyeler.ch/en · Designboom, “Peter Zumthor’s expanded Fondation Beyeler opens to the public”: https://www.designboom.com/architecture/peter-zumthor-fondation-beyeler-gradual-opening-basel-switzerland-wyss-museum/ · The Art Newspaper, “Switzerland’s Fondation Beyeler opens £109.7m expansion”: https://www.theartnewspaper.com/2026/09/25/fondation-beyeler-basel-switzerland-peter-zumthor-expansion · ArchDaily, “Fondation Beyeler to Open Expanded Campus by Peter Zumthor in 2027”: https://www.archdaily.com/1042400/fondation-beyeler-to-open-expanded-campus-by-peter-zumthor-in-2027
Lucas Museum of Narrative Art, apertura (sitio oficial): https://lucasmuseum.org/ · Comunicado de apertura: https://lucasmuseum.org/press/grand-opening · The Art Newspaper, “$1bn Lucas Museum of Narrative Art lifts off at long last”: https://www.theartnewspaper.com/2026/09/07/lucas-museum-narrative-art-opening-preview-los-angeles · Designboom, “MAD’s Lucas Museum of Narrative Art opens in Los Angeles”: https://www.designboom.com/architecture/mad-lucas-museum-narrative-art-early-look-inside/ · Architectural Record: https://www.architecturalrecord.com/articles/18401-the-lucas-museum-set-for-september-22-opening · CNN: https://www.cnn.com/2026/09/05/style/lucas-museum-of-narrative-art-opening
LACMA, David Geffen Galleries, Peter Zumthor (sitio oficial): https://www.lacma.org/press/lacmas-new-david-geffen-galleries-designed-peter-zumthor-open-april-19 · SOM, “SOM and Atelier Peter Zumthor Complete David Geffen Galleries at LACMA”: https://www.som.com/news/lacma-opens/
MAD Architects: https://www.i-mad.com · Atelier Peter Zumthor: https://www.peterzumthor.com
Louvre Abu Dhabi, la arquitectura de Jean Nouvel (lluvia de luz, medina, cúpula): https://www.louvreabudhabi.ae/en/about-us/architecture
Museo Nacional de Qatar, Jean Nouvel, rosa del desierto: https://nmoq.org.qa
Museo del Futuro, Dubái: https://museumofthefuture.ae
Guggenheim de Nueva York, Frank Lloyd Wright: https://www.guggenheim.org/the-frank-lloyd-wright-building · Guggenheim Bilbao: https://www.guggenheim-bilbao.eus · Guggenheim Abu Dhabi, Frank Gehry: https://www.guggenheimabudhabi.ae
Louvre de París, pirámide de I. M. Pei: https://www.louvre.fr/en/explore/the-palace/a-pyramid-for-a-symbol · Centre Pompidou: https://www.centrepompidou.fr · Plan Voisin, Le Corbusier (Fondation Le Corbusier): https://www.fondationlecorbusier.fr/en/work-architecture/projects-plan-voisin-france-1925/
Tate Modern, Herzog & de Meuron sobre la Bankside Power Station: https://www.tate.org.uk/visit/tate-modern
Getty Center, Richard Meier: https://www.getty.edu/visit/center/ · Museo de la Acrópolis, Bernard Tschumi: https://www.theacropolismuseum.gr/en/museum-building
Nezu Museum, Kengo Kuma: https://www.nezu-muse.or.jp/en/ · Teshima Art Museum, Ryue Nishizawa y Rei Naito: https://benesse-artsite.jp/en/art/teshima-artmuseum.html · Chichu Art Museum, Tadao Ando, Naoshima: https://benesse-artsite.jp/en/art/chichu.html · Benesse House Museum, Tadao Ando, Naoshima: https://benesse-artsite.jp/en/art/benessehouse-museum.html · 21_21 Design Sight, Tadao Ando: https://www.2121designsight.jp/en/ · Mori Art Museum, Roppongi Hills: https://www.mori.art.museum/en/ · Roppongi Hills, Mori Building: https://www.mori.co.jp/en/projects/roppongihills/
Malba, ampliación bajo Plaza Perú, Frida Escobedo: The Art Newspaper, “Malba picks architect for expansion that will double its exhibition space”: https://www.theartnewspaper.com/2026/09/17/malba-museum-buenos-aires-frida-escobedo-architect-expansion · Perfil: https://www.perfil.com/noticias/cultura/malba-cumple-25-anos-y-anuncia-una-ampliacion-una-megadonacion-y-un-fondo-de-us50-millones.phtml · Malba: https://www.malba.org.ar
Pathos 01, para quien llegue por esta nota: https://www.pathospractice.com/p/pathos-01-hay-escuela-en-la-argentina

